Mostrando entradas con la etiqueta articulos y recortes periodisticos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta articulos y recortes periodisticos. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de septiembre de 2010

Alianza Sexo-Género Diversa Revolucionaria (Caracas Venezuela)

Carta por la Despatologización Trans‏

Manifiesto Venezolano
La Alianza sexo-género diversa Revolucionaria, activistas trans e intersex de esta ciudad hemos decidido salir nuevamente a la calle para denunciar las violencias que viven nuestros/as compañeros y compañeras trans. En el marco de la campaña internacional “Stop patologización trans: objetivo 2012” estamos construyendo una jornada de lucha a nivel mundial contra el trastorno de identidad de género (TIG).
Bajo la etiqueta del TIG, la transexualidad se encuentra clasificada en los manuales internacionales de enfermedades: el CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud) y el DSM-IV-R (Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales de la Asociación de Psiquiatría de Norteamérica). Estas clasificaciones son las que determinan los cambios en la lista de las enfermedades de la OMS y guían, por lo tanto, a los y las psiquiatras de todo el mundo al momento de hacer sus diagnósticos.
La patologización de la transexualidad bajo “trastorno de identidad sexual” es un gravísimo ejercicio de control y normativización. La evaluación psiquiátrica obligatoria supone un control semanal de nuestra identidad de género a través de terapias de grupo y familiares y todo tipo de procesos denigrantes que vulneran nuestros derechos ya que tales protocolos, cuyas bases dicen ser clínicas, responden a normas sociales y culturales impuestas para cercar y eliminar todo aquello que se asume diferente.
En el Estado español, cualquier persona que quiera cambiar su nombre en su documentación oficial o modificar su cuerpo con hormonas u operaciones tiene que pasar obligatoriamente por una consulta psiquiátrica. El Estado español cuenta con seis Unidades de Trastornos de la Identidad de Género de Referencia, entre ellos el Hospital Clínico de Barcelona, que es la Unidad de Referencia de Cataluña. De igual forma el Estado Cubano aprobó en el año 2008 una resolución que permite a los y las transexuales someterse a cirugías gratuitas de adecuación sexual, en el marco de un proceso de inclusión y reconocimiento de la comunidad sexo-género diversa, especialmente la población transexual en la isla, incorporando a Cuba en el escenario del discurso internacional de Derechos Humanos
Desde la Red Internacional por la despatologización trans, queremos denunciar públicamente los protocolos psiquiátricos de tratamiento a las personas transexuales y transgénero, así como los tratamientos de normalización binara que se realizan sobre bebés intersex.
La urgencia de esta movilización se debe a que el próximo año 2012 aparecerá la quinta versión revisada del DSM, y ya que estos manuales han sido revisados por décadas, esta es nuestra oportunidad de modificar la realidad de las personas trans, especialmente la de las nuevas generaciones. Delante del grupo de trabajo que revisa el TIG se encuentran el Dr. Zucker (director del grupo de trabajo) y el Dr. Blanchard, quienes proponen no sólo no retirar el trastorno, sino ampliar su tratamiento a niñas y niños que presenten comportamientos de género no-normativos y aplicarles terapias de adaptación al rol de origen semejantes a las terapias de reconducción a personas homosexuales y transexuales que han practicado por años estos “profesionales médicos”. Es decir, las personas que están decidiendo nuestro futuro, son acérrimos defensores de la patologización trans. Es por eso que el movimiento trans norteamericano ha hecho un llamado a que estos psiquiatras sean expulsados de la revisión del DSM, exigencia a la que nos sumamos.
Nuestra demanda es clara. Es la misma que defendían nuestras compañeras trans en los años 80, la misma del movimiento gay y lésbico cuando pedían la retirada de la homosexualidad de los catálogos de enfermedades; la misma del movimiento feminista al pedir el derecho al aborto libre y gratuito; la misma del movimiento intersex al reclamar que cesen las operaciones a los bebés. No es una cuestión de minorías, es una cuestión de derechos humanos, del derecho a decidir sobre nuestro cuerpo más allá de un patriarcado “paternalista” que por medio de presiones nos empujan a asumir roles, cánones de belleza, y execran los cuerpos que se encuentren fuera del sistema.
Tenemos muy claro que estos procesos tienen que ver con los pocos referentes que tenemos, y con el odio y auto-odio que acabamos generando hacia aquello que no conocemos, que no hemos visto nunca. Hasta hacia nosotras y nosotros mismos porque no somos como “deberíamos ser”. No hacemos apología de las hormonaciones ni de las operaciones, sino que reconocemos que actualmente, modificar nuestro cuerpo es una cuestión de supervivencia, porque desgraciadamente, nuestro entorno “acepta mucho mejor a un chico con cicatrices que a un chico con senos”.
Ya nos hemos cansado de escuchar que quieren ayudarnos. Si realmente alguien nos quiere ayudar, que hagan desaparecer todos estos mensajes que jerarquizan los cuerpos, “de lo que es bello y lo que es monstruoso”. La patologización de la transexualidad es una falacia, su objetivo no es liberar a las personas, sino domesticarlas para que se adapten al sistema.
No dejaremos de luchar hasta que la transexualidad desaparezca de los listados de enfermedades, ni permitiremos que retiren la transexualidad para incorporar otras identidades no-normativas. Sabemos muy bien que en muchos espacios las personas transexuales son asediadas, violadas y asesinadas y que aquí, en nuestro contexto, este tipo de violencia es casi invisible, pero la psiquiatrización no es paso adelante. Hemos perfeccionado técnicas para normativizar a aquellas y aquellos que son diferentes y éstos mecanismos son una violencia simbólica hacia las personas trans e intersex.
Esta manifestación se enmarca en una jornada de lucha que tiene lugar en diversas ciudades alrededor del mundo: Ankara (Turquía), Barcelona (Estado Español), Berlín (Alemania), Bilbao (Estado Español), Bogotá (Colombia), Bruselas (Bélgica), Buenos Aires (Argentina), Campinas (Brasil), Ciudad de México (México), Coruña (Estado Español), Donosti (Estado Español), Gasteiz (Estado Español), Granada (Estado Español), Las Palmas de Gran Canaria (Estado Español), Lille (Francia), Lima (Perú), Lisboa (Portugal), Londres (Reino Unido), Madrid (Estado Español), Montreal (Quebec), París (Francia), Quito (Ecuador), San Francisco (California), Santiago de Cali (Colombia), Santiago de Chile (Chile), Santiago de Compostela (Estado Español), Valencia (Estado Español), Zaragoza (Estado Español) y Caracas (Venezuela).

Desde la Alianza sexo-género diversa Revolucionaria y la Red Internacional por la Despatologización Trans exigimos:

La retirada del TIG de los manuales internacionales de diagnóstico.
La retirada de la mención de sexo de los documentos oficiales.
La abolición de los tratamientos de normalización binaria a las personas intersex.
El libre acceso a los tratamientos hormonales y a las cirugías (sin la tutela psiquiátrica).
La prevención de la transfobia: el trabajo para la formación educativa y la inserción laboral de las personas trans.
Solicitamos que se sancione el uso denigrante y sensacionalista que se hace desde la prensa y los medios de comunicación de casos dramáticos porque implican la muerte de compañeras y compañeros nuestros.
Diseño y realización de un plan de incorporación de las personas trans a la sociedad, para que puedan tener acceso a la educación, a la salud, al trabajo y al desarrollo de sus capacidades sin importar cómo se vean, cómo se llamen, cómo amen.
Que el Estado implemente con urgencia leyes y programas destinados a disminuir o erradicar la discriminación de la que somos víctimas las personas transgéneros. transexuales y travestis.
Por eso solicitamos que el Gobierno, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio del Poder Popular para la Salud hagan una declaración institucional apoyando la desclasificación de la transexualidad y el transgenerismo de los organismos competentes (la OMS y la APA), su silencio es complicidad.

Queremos también, que se comprometan a revisar y a reestructurar los protocolos sanitarios conforme tres principios: la despatologización de las identidades trans, la protección de los derechos sanitarios de estos colectivos y el abordaje de la transfobia.

Decir aún hoy en día que la transexualidad es una enfermedad mental cuando miles de transexuales hemos dicho tantas veces que nos sentimos violentados/as y estigmatizados/as por esa definición es sumamente grave. No queremos que sigan hablando por nosotros y nosotras, seguimos luchando para que se nos escuche, y lo seguiremos haciendo con fuerza más allá del 2012, para que nunca puedan decir que no lo sabían, para que no se atrevan a seguir clasificando nuestras vidas como patológicas, anormales, diferentes. “Para que las y los jóvenes trans se odien un poco menos, para que nos queramos todos y todas un poco más”. Para que nunca más psiquiatras en una consulta nos pregunten ¿por qué somos como somos? Cuando no tenemos por qué justificarnos, ya que la diversidad es nuestra mayor riqueza.


¡La transexualidad no es una enfermedad!
“Sí a la despatologización trans”

ALIANZA SEXO-GÉNERO DIVERSA REVOLUCIONARIA

Somos un grupo de personas cuya orientación sexual e identidad de género no se adaptan al sistema binario heterosexista y patriarcal dominante de nuestra sociedad, por ende nos hemos unido para trabajar por la reivindicación de ciertos derechos que han sido desvinculados histórica y culturalmente de los del resto de la sociedad civil.

martes, 9 de marzo de 2010

La Transexualidad no es Queer" Cada cosa por su nombre y cada una en terreno y ámbito


Como mujer transexual y dada mi experiencia vital (edad, extracto social,..), que desde luego no es nada que se pueda interpretar como que me otorga potestad para nada, pero indudablemente me da una visión por mis años, por haberme relacionado con muchas personas transexuales, no sólo subjetiva sino que puedo afirmar con toda legitimidad que la transexualidad al margen de cada individu@ la viva de forma diferente, hay un denominador común que nos caracteriza a mujeres y hombres transexuales: el desacuerdo entre el sexo biológico y el sexo sentido, percibirse como hombre o mujer y el deseo de que los demás así te perciban.

 Tod@s hemos realizado todo lo que hemos podido por adecuar nuestro físico al sexo sentido: tratamientos hormonales (sin control y automedicándonos con el riesgo que ello implica para la salud), cirugías de femenización del rostro, mamoplastias,etc. Todo ello como anteriormente he dicho con el mayor y más profundo deseo de percibirse y de que te perciban como MUJER o HOMBRE.

Por ello la ausencia de tratamiento hormonal, el rechazo a cualquier tratamiento o intervención quirúrgica, no es TRANSEXUALIDAD, es QUEER. Con todos mis respetos para los que defienden la Teoría Queer. La Ley de Identidad de Genero ya contempla en uno de sus apartados que personas por motivos de salud o riesgo para sus vidas, y así lo certifiquen, también pueden acceder a los cambios registrales, lo cual es absolutamente justo y necesario.

Sin embargo el plazo de dos años se nos antoja excesivo, más teniéndose en cuenta que antes de cumplir un año en el proceso endocrino empiezan a ser visibles los cambios físicos. Un año podría ser un tiempo adecuado para que se consoliden psicológica y físicamente las expectativas personales de cada demandante para un posterior cambio de nombre.

Ahora, pretender que no haya ningún requisito de tiempo de tratamiento, ya no estaríamos hablando de una Ley para mujeres y hombres transexuales. Hablaríamos de teoría Queer en estado puro, pongamos las cartas sobre la mesa y llamemos a cada cosa por su nombre. Pedimos que no se nos engañe, que no se nos saque a la calle con cuestiones que todos defendemos, para luego colocarnos consignas que no se corresponden a nuestra identidad y lucha personal, introduciéndolas bajo el paraguas de la Ley para personas transexuales. Sabemos ser solidarios y solidarias, y podemos apoyar cualquier causa justa, entre ellas una Ley Queer; pero cada una en su terreno y ámbito.

Las mujeres y hombres transexuales hemos luchado y seguimos reivindicando la integración social y laboral del colectivo trans.

Por una atención sanitaria integral y desde la seguridad social, que garantice nuestra salud y no tengamos que hacer como antaño de poner en riesgo nuestra salud.
  Por la despatologización de la transexualidad y la exclusión en la Ley 3/2007 de 15 de Marzo, el contenido de “Disforia de Género”. Lo cual no quiere decir que rechazemos los tratamientos controlados por unidades multidisciplinares.







Todo lo expuesto me lleva a denunciar la manipulación de que somos objeto las personas transexuales desde distintas y opuestas corrientes políticas e ideologicas: Los que en el uso de sus libertades interpretan todo desde la teoría queer. Estamos de acuerdo en temas de salud, de integración, de despatologización, pero señores, no nos cuelguen el lema: NI HOMBRES, NI MUJERES. Porque si algo tenemos claro las personas transexuales es que deseamos ser mujeres y hombres, según el caso, y con todos los matices que nos diferencia como individu@s.
Por Mar Cambrolle
(link acà)




he ahì  una matiz dificil de interiorizar en las posiciones Queer. Yo acuerdo plenamente, inclusive no por separar aguas polìticas y de reivindicaciones entre temas y vivencias Queers y trans, pero el matiz, lo grisaceo del asunto y lo polìticamente aburrido del asunto, es que caminar juntos no implica que unxs alcen de upa a lxs otrxs. Y me refiero a que aquellas significaciones universales Queer o LGTBIQ (y agreguesè siglas a identidades que nadie encarna, a cuerpos que no estàn presentes la mayorìa de las veces, a cuerpos que nadie representa ni encarnamos ni codificamos como tales) pasan por alto sus reclamos pos-identitarios, el borramiento del binomio de gènero ("ni hombres ni mujeres: me gustan las personas" por tomar una frase de prefabricaciòn Queer bisexual) hace mucho màs complejo y por lo mismo no mucho menos interesante, el reclamo identitario de corporalidades , gèneros y sexualidades que a los ojos Queer son conservadoras: es decir,"Porque si algo tenemos claro las personas transexuales es que deseamos ser mujeres y hombres, según el caso, y con todos los matices que nos diferencia como individu@s."
y no se trata de volver a refundar el caro lema al feminismo màs duro y dogmàtico de que "la Biologìa es destino", sino de asumir que" el desacuerdo entre el sexo biológico y el sexo sentido, percibirse como hombre o mujer" no es una reafirmaciòn biologicista, excluyente y anquilosada sino de una identidad vivida como tal, en tèrminos de Mar Cambrolle "el deseo de que los demás así te perciban. "
La pregunta a las reivindicaciones Queer (y acà incluyo el trasfeminismo, el lesboqueer y demas posiciones pos ultra mega) es si con el deseo y la enunciacion alcanza para ser trans (gènero, sexual, travesti). Si con enunciar que pasamos de un gènero a otro alcanza, si con la empatìa Queer a lo trans es suficiente, representar la causa es vivenciarla como tal? ¿Enunciar que todxs somos trans nos vuelve trans en su intrìnseca enunciaciòn, sea proclama polìtica, buena intenciòn o ejercicio cotidiano?
por Martin Adrian De Mauro-Juliet Rucovsky o WalterEgo(Blog)
para CordobaTrans y polèmica en el bar 

martes, 2 de marzo de 2010

En tránsito:Stephan Jacob

 En tránsito

Stephan Jacob se define como un hombre trans homosexual. Nació en Bélgica hace 54 años y reside en La Plata, desde hace uno. Hasta los 48 vivió como mujer, tuvo dos hijxs, un marido, luchó por el derecho al aborto. Pero un día vivir como varón se manifestó como “urgencia” impostergable y empezó su transición. Actualmente es uno de lxs organizadorxs del Festival ¿Anormales? por la visibilidad de los chicos trans, las personas intersex y las lesbianas.

Ser un chico trans es...

—Ser un auténtico varón con una historia diferente a la historia de quien fue asignado varón al nacer. Esa historia es la de ser educado como una chica y haber ocupado ese lugar de chica en una sociedad sexista. Y es también la historia de haberme confrontado a la transfobia, sentir en el cuerpo la violencia que opera en esta sociedad contra quien se atreve a enfrentar las normas del género. Ser chico trans es haber padecido, en mi historia como chica, cuando era visto como chica, todo el discurso sexista, y luego, como trans, todo el discurso médico y psiquiátrico. Es por eso que cuando la gente me pregunta si en otra vida me gustaría nacer chico, yo respondo que no, a mí me gustaría volver a ser trans. Parte de la riqueza de ser trans está en esta historia del tránsito. Esta experiencia forma parte importante de mi historia y de mi identidad trans.
Esto es algo de lo que se ha dicho poco...

—Sí, y tiene que ver con la transfobia, una transfobia externa e interna que hace que uno se sienta con vergüenza de ser lo que es y decirlo, pero infelizmente creo que sobre todo se debe a que para la gente en general la vida trans es siempre asociada al sufrimiento. Ser trans es ser visto como alguien que como mucho merece compasión, alguien cuya vida nos produce la exclamación de “¡pobre chico!”. Pero ésta no es la experiencia que yo rescato, mi experiencia es rica, e inigualable, es de haber tenido la oportunidad de vivir en la adultez una segunda pubertad, de haber experimentado al menos tres formas de estar y ser percibido en el mundo. Mi cuerpo considerado como “monstruoso” y fuera de la norma es productor de un placer inimaginable, replantea la idea de la belleza y de lo sexy.
Vos has sido un activista de muchos años...

—En Bélgica, a los 17 años y siendo mujer, he sido activista por la legalización del aborto. Luego ya estando en Portugal, donde viví por varios años, casado y con dos hijxs, me puse en contacto por medio de la Internet con una comunidad trans en lengua francesa que operaba desde Francia, Bélgica, y otros países europeos, pero donde había muy pocos chicos trans. Y es que la llegada a la visibilidad de los chicos trans en Europa es de hace poco tiempo, cuatro o cinco años atrás, no mucho más. En Portugal ya casada y con hijxs, he pasado por una etapa en la que me era imposible seguir viviendo como mujer pero tampoco sabía lo que era ser trans. En este tiempo yo acabé diciéndome que esperaba terminar la crianza de mi hijo más chico para después suicidarme. En el mientras me encontré un día en la Internet con la palabra transexual, trans...chico trans...aleluya, ya está, me dije (se ríe).
¿Y cómo fue ese encuentro con la comunidad trans?

—Fue de revelación y de salvación para mí. Pero cuando viajé a Francia para encontrarme con otrxs activistas trans, al presentarme como trans y homosexual, me dijeron: “Tú no tienes cualidad para ser trans, no existes, no puedes ser trans y ser homosexual”. Me confronté así con un segundo problema, con toda la restricción de la propia comunidad trans que asume los criterios normativos del género y la sexualidad. Más allá de esto, ciertamente la comunidad trans es un lugar de contención, de ayuda básica. La fuerza que da la comunidad es gigante porque cuando llegas a la consulta médica o a la de endocrinología ellxs conocen menos que nosotrxs acerca de nuestra condición. Nosotrxs tenemos más información porque hemos compartido nuestras historias y testimonios y llegamos a ser nuestrxs propixs expertxs.
Uno de los cortos que presentarán en el Festival muestra a varones trans en una marcha de visibilidad...

—Se trata de un corto sobre la primera participación de los chicos trans en las marchas “Existrans” (http://www.existrans.org/) de visibilidad de la comunidad trans que se realiza cada año en Europa y en algunos países de América desde hace ya 14 años. La marcha se realiza cada año en un país distinto. En ellas los chicos trans nos sacamos la remera para mostrar con orgullo las marcas corporales que nos quedan como parte del tránsito de identidad. En estas marchas también se han integrado las personas intersex y contamos con reivindicaciones específicas de parte de este grupo. Una de las reivindicaciones más importantes de la marcha es contra la psiquiatrización y los protocolos elaborados y usados para diagnosticar la “disforia de género”. Como dice la consigna del grupo trans de España, La Guerrilla Travolaka: hay que cambiar la idea de “disforia de género” por la de “euforia de género”.
¿Cómo valoras la articulación de lxs trans con las lesbianas, lxs intersex y el resto de la comunidad LGTB?

—Para mí la articulación es muy importante y necesaria. No veo el activismo sin la posibilidad de ir juntxs en contra del sexismo, la heteronormatividad y la psiquiatrización. Si hay algo que debe unirnos a las mujeres, a las lesbianas y a lxs disidentes de género y sexual es el reclamo por el derecho al propio cuerpo. Ese derecho al propio cuerpo se expresa tanto en la lucha por la legalización del aborto como en la batalla contra la esterilización forzada a que son sometidos los chicos trans en Europa. Si una chica pide ser esterilizada no se lo permiten, en cambio a los trans se nos obliga como parte del protocolo de adecuación corporal. A lo que nos enfrentamos es a una discriminación e imposición de roles de género bajo la patologización de todo aquello que enfrenta la normas. Esta es la base del sexismo, del rechazo a la homosexualidad, a la identidad transgénero o al cuerpo intersex. Es la misma cosa. Es por esto que tenemos mucho para trabajar junto al feminismo, aunque los grupos feministas esencialistas lo nieguen y se resistan.
La cuestión trans está articulada a la transfobia y a la violencia que genera ¿qué dicen las estadísticas?

—Las estadísticas oficiales dicen poco, éstas apenas hablan de la violencia verificable en un cuerpo verificable a través de protocolos definidos por el Estado y la medicina que determinan lo que es cada quien. Entonces las estadísticas sólo hablan de las personas que de acuerdo con el protocolo oficial son trans. El resto queda como basura, este resto no cuenta ya que no responde a los criterios oficiales o el cuerpo médico no ha intervenido en el proceso de la definición. La asociación canadiense ATQ (http://www.atq1980.org/archives/articles/statistiquessurlespersonnestranssexuelles.html) afirma que un 33,3% de las personas trans se suicida antes de conseguir la transición. Esto, por ejemplo, no aparece en la estadística oficial. En Francia, si yo me someto al protocolo de cambio de sexo, yo no soy declarado como trans debido a que soy homosexual. Para el cuerpo psiquiátrico francés yo soy alguien heterosexual y con hijos. Son incapaces de reconocer la diferencia entre la orientación sexual y el género. En Portugal me pasó lo mismo. Había cuatro criterios que yo no cumplía para poder ser catalogado como trans: mi orientación sexual, la edad de mi transición, el haber tenido hijos y mi estado civil de casado. Se podría decir que yo fui el primer casamiento homosexual ilegal en Portugal (ríe).
¿Por qué organizar un Festival de cine y documental sobre chicos trans, intersex y lesbianas?

—Hay varias razones. Primero, para visibilizar identidades que siempre han quedado en la parte de atrás del movimiento LGTBI; en particular, la comunidad de chicos trans ha sido la menos mostrada por los medios. Segundo, porque hay muchos chicos trans invisibles que ni siquiera pueden nombrar su experiencia porque no encuentran el nombre que la represente. También, porque hay que ganarle al machismo y al sexismo que hace representable y apropiable la femineidad y que objeta la posibilidad de apropiación y representación de lo masculino por voces no autorizadas. No es casual que las chicas trans gracias a esto gocen de mayor popularidad, que sus cuerpos sean la foto de tapa de las marchas del orgullo. Para una cultura patriarcal y heteronormativa los chicos trans somos desechables porque quedamos fuera del mercado de consumo al servicio del varón heterosexual. El chico trans se vuelve una figura inadmisible, odiosa, indeseable. El chico trans no interesa al mercado de la imagen. Lo mismo podemos decir de las lesbianas y las personas intersex.

El Festival “¿Anormales?” va dirigido a restaurar estas imágenes rechazadas, pretendemos contribuir a su visibilidad.

Festival ¿Anormales? Del 17 al 21 de marzo, Casa Brandon.
festivalanormales.blogspot.com
brandongayday.com.ar
extraído de suplemento Soy (26/2/2010)

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Viejas Neosexualidades


Viejas Neosexualidades

Por Enrique Carpintero *

Es sorprendente que en la actualidad se hable sobre “nuevas sexualidades”, que algunos denominan “neosexualidades”: sólo tenemos que recorrer la literatura erótica de diferentes épocas para ver que lo nuevo es algo viejo, que siempre estuvo presente en nuestra condición humana. Claro, la sexualidad se mantenía como un secreto bien guardado, circulando por las profundidades de una subjetividad que debía disimularlo. Evidentemente esta situación ha cambiado.

La sexualidad de la época victoriana, desde la cual Freud construyó el psicoanálisis, se sostenía en inhibiciones y represiones que eran la base de una serie de síntomas especialmente agudos en la época. La sociedad burguesa del siglo XIX definió nuevas reglas de juego para los placeres, que no estaban ya en manos de la religión, sino de la ciencia médica, en la cual se apoyaban los Estados modernos que consideraban un deber gobernar las prácticas sexuales para establecer que era “normal” y “patológico”. Como dice Elizabeth Roudinesco: “El discurso positivista de la medicina mental propone a la burguesía triunfante la moral con la que no ha dejado de soñar: una moral relativa a la seguridad pública modelada por la ciencia y ya no por la religión. Por disciplinas derivadas de la psiquiatría, la sexología y la criminología reciben, de hecho, la misión de explorar en su totalidad los aspectos más sombríos del alma humana”.

Los escritos médicos de la época, para describir la sexualidad considerada “anormal”, crean una lista impresionante de términos derivados del griego y del latín: zoofilia, coprofagia, pedofilia, a tergo, cunnilingus, etcétera. En 1886, el médico austríaco Richard von Krafft-Ebing llevó a cabo una síntesis sobre las diferentes prácticas sexuales en su obra Psychopathia sexualis.

El objetivo era establecer una separación clara entre una sexualidad denominada “normal”, al servicio de la procreación, de la felicidad de las mujeres en el matrimonio y la maternidad, y del hombre como pater familiae, y una sexualidad “anormal” que se asocia con la enfermedad, la muerte y la búsqueda del placer absoluto. Esta sexualidad anormal se podía encontrar en la mujer histérica que, al “simular” sus síntomas, evitaba la responsabilidad de la maternidad. Pero el verdadero paradigma de la perversión era la homosexualidad, así como la masturbación.Para el discurso médico positivista, el homosexual era el mayor de los perversos, ahora desde el punto de vista biológico. Sin embargo, no era considerado un enfermo, ya que se burlaba de las leyes de la procreación. De allí que, para desenmascarar al homosexual, se lo tratara de convertir en un criminal, un perverso sexual alienado, un violador de niños.

Thomas W. Laqueur, en Sexo solitario. Una historia cultural de la masturbación, cuenta cómo la masturbación se transformó en una enfermedad. En la antigüedad, apenas si era mencionada como un problema. En 1712, en Inglaterra, el cirujano John Marten, un charlatán y estafador necesitado de dinero, publicó un folleto donde relataba los infinitos males que el onanismo traería a quien lo practicara. El texto tuvo un éxito inmediato. Su fama llegó a Francia, donde el médico Samuel A. D. Tissot publicó en 1760 El onanismo. Disertación sobre las enfermedades producidas por la masturbación.

La tradición del siglo XVIII, que mezclaba medicina con pedagogía moral, propagó la versión del vicio solitario. Jean-Jacques Rousseau la condenó en sus Confesiones, y en su obra pedagógica Emilio la considera una de las más grandes amenazas a la integridad moral del sujeto. Voltaire siguió su ejemplo. La nueva “enfermedad” se convirtió en un adjetivo para señalar exceso de imaginación, falta de seriedad y un alejamiento de la razón o de una conducta educada.

Como dice Laqueur, “tres cosas convierten el sexo solitario en antinatural. Primero, no era motivado por un real objeto de deseo sino por la fantasía; la masturbación amenazaba con imponerse a la más proteica y potencialmente creativa de las facultades de la mente, la imaginación, y llevarla a un precipicio. Segundo, mientras cualquier otro tipo de sexo era social, la masturbación era privada o, cuando no se la practicaba a solas, era social de mala manera: sirvientes perversos la enseñaban a los niños; perversos niños mayores la enseñaban a los más pequeños e inocentes; muchachas y varones en las escuelas la enseñaban fuera de la supervisión de los adultos. Y tercero, a diferencia de otros apetitos, la urgencia por masturbarse no podía ser saciada ni moderada. Practicada a solas, guiada sólo por las creaciones de la propia mente, era una transgresión primitiva, inevitable, seductora, incluso adictiva y fácil. De pronto, cada hombre, mujer o niño parecía tener acceso a los ilimitados excesos de la gratificación que pudo ser privilegio de los emperadores romanos.

El combate contra la masturbación fue uno de los principales esfuerzos en la guerra librada por asegurar la correcta y medida privacidad de la naciente burguesía. Esta perspectiva se afianzó en la cultura victoriana. Su mundo erotizado era incontrolable, ya que la vida privada debía mantener las apariencias que la burguesía capitalista, en su primera época, dictaba para la vida pública. Ambos mundos necesariamente tenían que coincidir. Para ello, basaba su dominio en una lógica por la cual los sujetos debían intentar la represión y autodisciplina en sus manifestaciones sexuales. Los códigos sociales de la cultura medían la vida privada de los sujetos a costa de mantener en secreto el deseo sexual cuyas consecuencias sintomáticas Freud pudo dar cuenta en la clínica y los desarrollos teóricos del psicoanálisis.

Contraculturas

Recién a mediados del siglo XX podemos encontrar el primer estudio sistemático sobre la sexualidad, realizado por Alfred Kinsey. Basado en una investigación en la que participaron más de 12 mil personas, sacó a la luz los hábitos sexuales de la población de Estados Unidos, en dos libros clásicos: Conducta sexual del hombre (1948) y Conducta sexual de la mujer (1953). En los años ’60, Willian Master y Virginia Johnson iniciaron sus estudios controlados de laboratorio, publicados en Respuesta sexual humana (1966).

En 1964, Robert Stoller utilizó por primera vez el concepto de género para estudiar el transexualismo y las perversiones sexuales desde la perspectiva del kleinismo y la psicología del self. Más tarde, esta noción se generalizó desde diferentes perspectivas para afirmar que el sexo es siempre una construcción cultural, sin relación directa con la diferencia biológica. De allí la idea de que cada sujeto podría cambiar de sexo según el género o el rol que se asigna a sí mismo. En los ’70, Shere Hite produjo el llamado “Informe Hite” sobre sexualidad femenina.

Estos trabajos de investigación formaban parte del clima de los 60 y 70, cuando una “contracultura” se opuso a la cultura dominante. Este movimiento, si bien incluía a una minoría de la población, expresaba las ideas, fantasías y deseos de la época, cuya significación produjo transformaciones en la subjetividad. Los movimientos gay se organizaron para luchar por sus reivindicaciones. Los grupos feministas llevaron a una revolución en cuanto al sometimiento de la mujer a una cultura patriarcal. La revolución sexual, impulsada por la píldora anticonceptiva, de venta autorizada a partir de 1960, permitía libertades, y la familia dejaba de ser el fin último de la pareja. Sin embargo, el feminismo de la igualdad equiparaba la sexualidad femenina con la masculina, ignorando cualquier diferencia en las mujeres. De esta manera la sexualidad seguía centrada en la genitalidad y en el mito del orgasmo vaginal como modelo de la salud sexual considerada como normal.

En los ’80 comienza un avance en las luchas feministas, al proponer la apropiación de la experiencia subjetiva de la mujer por fuera de la sexualidad heterosexual patriarcal. La sexualidad de la mujer comienza a considerarse distinta a la del hombre y el cuerpo femenino aparece erotizado en su totalidad. También los varones reivindican una sensualidad repartida en todo el cuerpo. Además aparecen reivindicaciones de identidad de género: hombre, mujer, transexual, transgénero, travesti, intersexual, queer, que rompen el modelo binario masculino-femenino. La heterosexualidad como modelo hegemónico a partir del cual la psiquiatría transformó el pecado en enfermedad ha perdido parte de su lógica en la cultura del capitalismo mundializado. Esta se sostiene en la ruptura del lazo social; el individualismo negativo ha transformado el deseo sexual, que debe ser vendido según las leyes del mercado capitalista. El mandato de la actualidad de nuestra cultura, a través de superyó, no convoca a gozar, como nos quieren hacer creer. Por el contrario convoca a protegernos de la amenaza de desamparo que la misma cultura produce. Doble juego que lleva a un camino sin límite. La agresión no es interiorizada como “conciencia moral”, ya que todo está permitido en la búsqueda de la utopía de la felicidad privada. La agresión se libera contra el yo y contra el otro, pues la ética que sostiene nuestro ser es reemplazada por el tener y ofrecerse como un fetiche mercancía, que adquiere la ilusión de protegernos de los infortunios de la vida. Es decir, de nuestra finitud.Si, en la época victoriana, la vida privada debía coincidir con lo que la cultura hegemónica dictaba para la vida pública, en la actualidad ocurre lo contrario. La vida privada se ha privatizado, en el orden del mercado. Es importante en la medida que pueda ofrecerse como una mercancía. Es en el espacio público donde tenemos que encontrar los valores de nuestra intimidad, medidos según las leyes de la economía de mercado. De esta manera, las relaciones humanas se miden como una mercancía y sus actividades se enuncian como un buen o mal negocio. Allí todo vale. Lo paradójico es que en este shopping en que se ha convertido la sociedad nadie vende nada. En este reality show, el éxito es efímero. Los negocios donde se ofrecen afectos, emociones, ideas conocimientos, amistad y sueños no funcionan. Algunos cierran y se abren otros, con nuevas vidrieras que se convierten en espejismos para negar una realidad donde predominan el desamparo y la soledad.

Estamos en una época donde la sexualidad ha salido de los placares. De un secreto, pasó a ser preciado objeto de consumo: una sexualidad evanescente, fácil de ser intercambiada en el mercado de las relaciones sociales. Allí podemos encontrar las diferentes manifestaciones de la sexualidad, con nombres actuales y atractivos: gran-bang, petes, swingers, etcétera. Pero sus efectos en la subjetividad cuestionan la centralidad de los paradigmas iniciales en los que se construyó el psicoanálisis. Hoy, todas las características de la heterosexualidad patriarcal han sido puestas en crisis. La pareja heterosexual no es la condición para la reproducción, ya que la reproducción se ha separado de la sexualidad a través de la fecundación asistida. Las mujeres no necesitan a los hombres para la crianza de los hijos, a partir de su incorporación al mercado capitalista. Esto ha llevado al aumento de parejas sin hijos, el incremento de hogares monoparentales, la aceptación de mujeres que llevan adelante solas la maternidad, el aumento de parejas homosexuales con o sin hijos, el sexo virtual que elude el cuerpo del otro. Este proceso, que ha afianzado mayores libertades individuales al romper prejuicios y tabúes de otras épocas, ha traído nuevos problemas. Uno de ellos es que la sexualidad que propone la cultura se ha disociado de los afectos. Esta sexualidad evanescente ha dejado a la mujer y al hombre solos frente al otro, ya que podemos tener encuentros sexuales pero no intersubjetivos. Su resultado es dejarnos cada vez más solos e insatisfechos, al quedar atrapados por relaciones desubjetivadas donde se han perdido los parámetros del erotismo. La sexualidad, al no tener la fuerza para la transgresión del erotismo al servicio de la vida, queda domeñada por la perversión, efecto de la muerte como pulsión. Es decir, una sexualidad que se expresa como renegación del corte y de la muerte; que se le impone al sujeto como actos repetitivos. Una sexualidad sostenida en el sometimiento y la destrucción del otro. En definitiva, una sexualidad que produce un proceso de desestructuración subjetiva. Parafraseando a Freud, podemos decir que la perversión es el negativo del erotismo.

Tener en cuenta una sexualidad plural nos lleva a revisar algunas cuestiones: 1) la pérdida de centralidad de la diferencia sexual como determinante exclusivo de la identidad subjetiva del sujeto; 2) la resolución del Complejo de Edipo como organizador de la normalización de la cultura debe ceder a una resolución dinámica propia de la “anormalidad” que nos hace humanos. Su protagonismo tiene que dar cuenta de procesos más tempranos ligados a ese vacío que nos constituye en tanto seres finitos; 3) la actualidad del campo de lo sexual se ha abierto a formas que no pueden seguir siendo calificadas de patológicas. De allí la necesidad de diferenciar claramente el erotismo de la perversión. No es la relación con una norma lo que determina lo propio de las perversiones, sino una sexualidad al servicio de la muerte como pulsión. Su contrario son las variaciones de la sexualidad humana al servicio del Eros, de la vida. Transcribo un fragmento de El mal de la muerte, de Marguerite Duras:

Hasta esa noche usted no había entendido cómo se podía ignorar lo que ven los ojos, lo que tocan las manos, lo que toca el cuerpo. Descubre esa ignorancia.

Usted dice: No veo nada.

Ella responde. Duerme.

Usted la despierta. Le pregunta si es una prostituta. Con una señal de que no.

Le pregunto por qué ha aceptado el contrato de las noches pagas.

Ella responde con una voz aún adormecida, casi inaudible: Porque en cuanto me habló vi que le invadía el mal de la muerte. Durante los primeros días no supe nombrar ese mal. Luego, más tarde pude hacerlo.

Le pide que repita otra vez esas palabras: el mal de la muerte.

Le pregunta cómo lo sabe. Dice que se sabe sin saber cómo se sabe.

Usted le pregunta: ¿En qué el mal de la muerte es mortal?

Ella responde: En que el que lo padece no sabe que es portador de ella, de la muerte. También en que estaría muerto sin vida previa al que morir, sin conocimiento alguno de morir a vida alguna.

* Texto extractado de un artículo que aparecerá en el próximo número de la revista Topía.

Link a la nota:
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/psicologia/9-129054-2009-07-31.html

“El imperio del culo”


En la época actual, “lo privado sufre una transformación, haciéndose público y apto para el consumo –sostiene la autora–: el capitalismo tardío inaugura el imperativo de que se puede decir todo y mostrar todo, propiciando así la pérdida de la vergüenza”.

Alguien enuncia sus preferencias sexuales por Internet y de este modo esas preferencias toman un valor que antes no tenían, ya que transformadas en mercancías adquieren un valor agregado. Tal valor tiene su analogía con el valor de cambio descrito por Marx, en la medida en que ingresa al mercado lo que antes era solo valor de uso. Aquí hay que entender el mercado no sólo desde el punto meramente financiero, sino como una vitrina en la que algo se da a ver, para ser elegido según “el gusto”. Y, de la misma manera en la que cualquier experto en economía sabe que la oferta genera demanda, habría que preguntarse si el gran abanico de perversiones en la actualidad no está favorecido por las mismas ofertas.

Lo privado sufre una transformación, haciéndose público y apto para el consumo. En tal transmutación, los “apetitos” adquieren una consistencia insospechada, como si la posibilidad de confesión y de concreción les insuflase un peso suplementario.

Reflexiónese en las frecuentes cavilaciones de algunos adolescentes acerca de la identidad sexual: esas dudas son pronto sofocadas cuando lo que antes era una fantasía es considerado como indicador de una certera preferencia sexual. No se trata de demonizar Internet, negando sus notables beneficios en otros aspectos, sino de profundizar en nuestra contemporaneidad, para advertir que todo lo que le ocurre a un sujeto es rápidamente subsumido a una supuesta identidad del ser: si una chica piensa en demasía en una amiga, es lesbiana; si come mucho dulce, bulímica; si experimenta cambios anímicos, “bipolar”. Al eclipsar los matices de las cosas, tales nominaciones borran su misterio, y muchas veces antes lo que podía ser para un sujeto un pensamiento, una conducta esporádica o una fantasía, se torne prontamente en una clave que responde a lo que sería la real identidad. Y cuando un sujeto está desorientado –algo muy habitual en estos momentos– se aferrará tanto más a aquello que le daría un supuesto ser.

Freud, en Lo inconsciente, se refirió a ciertas fantasías que circulan sin demasiada intensidad, hasta que, al ser recibidas de determinadas fuentes, toman otra importancia. Internet funciona como una fuente adicional, que ofrece la oportunidad de brindarse como ávidas prendas en un escaparate en el que encontrarán respuesta sin demora. Recuerdo la feliz expresión de Lacan acerca del fantasma como prêt à porter, listo para ser llevado, listo ahora para ser llevado por la vía facilitada de la vitrina informática.

Los fantasmas se muestran así sin mediaciones y los sujetos se tornan idénticos a sus supuestas inclinaciones pulsionales, hasta llegar a tener el nombre de esas inclinaciones –“los caníbales”, “los sádicos, “los masoquistas”, “los fetichistas”, “los bisexuales”, “las bulímicas”, “las anoréxicas”, “los drogadictos”, “los homosexuales”–, perdiendo singularidad, para formar parte de una clase. Notablemente, los sujetos ya no están representados por significantes rectores que los nominan en el espacio público, y que clásicamente señalan su lugar en lo social, sino por maneras de gozar que, inusitadamente, se confiesan.

Traseros

Pensemos en la importancia mediática del “trasero” en nuestros días; el asunto trasciende la concreta atracción por esa parte del cuerpo. En efecto, el gran goce de la época consiste en develar todo aquello que está “por detrás”. Ese gusto incluye la fascinación por los backstages, la complacencia voyeurista por Gran Hermano, la impulsión por dar a ver fotos con procacidades sexuales, los chismes artísticos (proliferan los programas “especializados” en ese rubro) y todo aquello que muestre lo que hay detrás de bambalinas. En otro orden, lo mismo se revela en el deleite por sondear qué hay detrás de la vida de un gran hombre, qué secreto lleva en las espaldas, cuáles son sus debilidades de sus aventuras libidinales. Al pretendido lema de hacer aparecer los aspectos más humanos de las figuras relevantes subyace el placer mórbido de rebajar la imagen, metafóricamente “mostrar su trasero”, igualarlo con el de todos.

No es casual que esa parte del cuerpo sea aquella en la que los sexos no se diferencian; el “imperio del culo” es así, el imperio de la igualdad, donde las diferencias que sí importan se reducen a... tener un buen culo o no (o a los distintos formatos a los que se alude: estilo “pera”, “campestre”, “melones”...).

Y todo ello va en desmedro de la importancia del rostro en su máximo valor expresivo, en su extremo más sensible. ¿Acaso no se lo tapa, cuando se quiere que no se identifique a una determinada persona? Por lo menos no deben verse los ojos, lo cual indica el poder para el reconocimiento que alberga la mirada.

Jacques-Alain Miller habla de la desaparición de la vergüenza como uno de los síntomas de la época, y lo articula con la muerte de la mirada de Dios; la desvergüenza es la puesta en escena de las consecuencias de esa muerte. El capitalismo tardío inaugura el imperativo de que se puede decir todo y mostrar todo, propiciando así la pérdida de la vergüenza. ¿Y no se ancla acaso el sentimiento de vergüenza en ese rostro que se sonroja cuando se intentan levantar los velos? Es que la vergüenza opera como guardiana de una reserva, preserva lo más íntimo, hace tope.

Al desvergonzado se lo llama “caradura”, y de este modo se alude a un rostro que ha perdido sensibilidad y que ya no experimenta ningún pudor. Se dice que “no tiene cara” a quien ha perdido la vergüenza, mostrando así la asociación necesaria entre los dos términos. Se nombra como “descarado” al impúdico y, otra vez, es siempre la supresión del rostro la que se indica.

No por nada las reflexiones que gravitan en torno de la vergüenza vuelven una y otra vez a la importancia de la mirada. En la célebre reflexión sartreana (El ser y la nada), la juntura entre ambas testimonia la presencia del Otro. Descubro, sin duda, a través de la vergüenza, un aspecto de mi ser. Sin embargo, aunque algunas formas derivadas de la vergüenza puedan aparecer a partir del plano reflexivo, ella no es originariamente un fenómeno de reflexión. En soledad puedo experimentarla, pero su estructura primordial se yergue frente a la otredad; se trata del mirón que, al espiar por el ojo de la cerradura a quien no lo ve, es sorprendido por alguien que entra y lo ve espiando. La mirada del que lo descubre suscita vergüenza, y habla del arribo de la otredad: si hubiese llegado un animal, no la experimentaría: sólo la provoca el prójimo como tal. Y si quiero mirar esa mirada para defenderme, si pretendo así atentar contra su libertad, será la mirada y la libertad del Otro las que, desmoronadas, se me escapan. Quizás entonces, para Sartre, una mirada que, lejos de perturbar, incite al goce, habrá perdido su dimensión de alteridad. Reflexiones que conducen a pensar en el estatuto de la sociedad actual, tan sabiamente anticipada por Guy Debord en La sociedad del espectáculo.

Freud y Lacan no dejan de situar la vergüenza en su relación con la sexualidad y el goce; no es sólo el cuerpo que en su “para sí” está avergonzado de su “en sí” decadente. En todo caso, tal decadencia lleva el estigma de la sexualidad develada ante la mirada, al modo del mito bíblico en el que Adán y Eva cubren sus genitales cuando aparece la idea de pecado. En otra línea, Levinas (1999, De la evasión, Madrid, Arena Libros) plantea que la vergüenza no deriva de la conciencia de una imperfección o carencia, sino de la imposibilidad de nuestro ser para desolidarizarse de sí mismo. Así, en la desnudez experimentamos vergüenza por no poder esconder aquello que quisiéramos sustraer a la mirada.

Auge u ocaso

Recordemos una célebre expresión de Nietzsche: “Se debería respetar más el pudor con que la naturaleza se ha ocultado detrás de enigmas e inseguridades multicolores. ¿Es tal vez la verdad una mujer que tiene razones para no dejar ver sus razones?”. Encuentro aquí un eco de lo que se desprende del decir de Lacan: la mujer es la verdad por ser no toda. Pero entonces, si el pudor es la esencia de la verdad-mujer: ¿habría acaso en nuestra contemporaneidad una feminización del mundo, como sugieren ciertos autores? Creo más bien que al atravesarse las barreras del pudor y de la vergüenza, asistimos a un ocaso. Dicho de otro modo: el auge de las mujeres es, muchas veces, el auge de lo que se ha llamado la mujer fálica.

* Extractado del artículo “El trasero no es el rostro”, en Violencia/s, de reciente aparición (Ed. Paidós).

martes, 24 de noviembre de 2009

Diputados premiará a un transexual

El premio de la Cámara baja a la Mujer Destacada del 2009 será otorgado a la transexual Marcela Romero, quien es coordinadora de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de la República Argentina.

El tradicional premio a la Mujer destacada del año que entrega la Cámara de Diputados será para un transexual activista por la derogación de los Códigos de Faltas y Contravencionales sobre el ejercicio de la prostitución.

Su nombre es Marcela Romero y fue elegida por la Comisión de Familia, Mujer y Niñez de la Cámara de Diputados por su trabajo al frente de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de la República Argentina.

La entrega del premio se llevará a cabo este martes a las 16.30 en el Salón de los Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados.
Fuente: Parlamentario, 24-11-2009.

La Apross dará cobertura en salud a travestis a partir de 2010

Es uno de los proyectos que implementará la Secretaría de Derechos Humanos a partir de los resultados del censo realizado en setiembre pasado. La novedad sería anunciada el próximo 10 de diciembre.

Por un convenio entre la Secretaría de Derechos Humanos y el Ministerio de Salud de la Provincia, a partir del año próximo los travestis cordobeses podrán acceder a la cobertura que brinda la Administración Provincial del Seguro de Salud (Apross).

Así lo adelantó Hugo Silva, subdirector de Minorías Sexuales de esa repartición, señalando que “sólo se va a insertar en el sistema a las que verdaderamente lo necesiten”. Con ello se refiere a que las nuevas afiliaciones serán de modo exclusivo para aquellas que no tienen obra social propia. Esto excluye también a las personas que son portadoras de HIV y que reciben de la Nación una pensión que se complementa con una cobertura de salud.

El proyecto, próximo a ser implementado, es una de las consecuencias directas del censo-encuesta de travestis que lanzó Derechos Humanos y que se terminó de procesar en setiembre último.

Ese operativo logró registrar a 340 personas de esta condición sexual, la mayoría de ellas sin cobertura de salud, ni insertadas en el mercado laboral formal. Para los responsables de la Subdirección, la cifra tampoco es absoluta, ya que por tratarse de una operativo de inscripción voluntaria, desde el Gobierno estiman que el número real de travestir en Córdoba superaría el millar. Sobre esa población es que se está proyectado una pluralidad de convenios que serían firmados el próximo 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos.

Para Silva significa un gran avance el hecho de que se pueda dar cobertura a travestis, históricamente segregados de la sociedad. “La idea es incluir en programas estatales a las travestis de Córdoba que estén interesadas, en especial en los relacionados a la documentación, cobertura social, el trabajo y la vivienda”, señaló el funcionario, argumentando que la prestación que se les dará busca revertir una situación de discriminación. “La elección de esa orientación sexual tiene por destino casi seguro la estigmatización, la discriminación en ámbitos formales, la precariedad laboral y, muchas veces, la pobreza”, explicó.

Tres meses para arrancar. En términos prácticos, el convenio a firmarse prevé que luego de esa instancia se abra un plazo de tres meses para que las interesadas se puedan inscribir. Luego de ese tiempo se tendrá el número final de aspirantes al beneficio para realizar el proceso de afiliación.

“Se va a inscribir a todas juntas para simplificar el proceso de carga”, explica Ana Laura Torres Vera, quien trabaja en la Subdirección a cargo de Silva, coordinando gran parte de los convenios que se firmarán en pocas semanas.

En principio, el proceso de afiliación quedaría habilitado durante los primeros meses del año próximo, según estima Torres Vera, momento en el cual sus beneficiarias pasarán a tener cobertura de salud en toda la provincia.

En la actualidad, Apross ya está brindando este servicio a personas que no son aportantes, en virtud de convenios específicos en los que el Estado provincial se hace cargo de las cápitas correspondientes. Lo hace con los cadetes de la Escuela de Policías, para los cuales el Ministerio de Gobierno solventa un aporte de 45 pesos mensuales que les asegura la cobertura. Lo mismo sucede con los pasantes de la administración provincial, que reciben una cobertura similar, o los ex deportistas reconocidos, de cuyos aportes se hace cargo la Agencia Córdoba Deportes. En este caso, se utilizará un esquema similar, y se haría cargo la Secretaría de Derechos Humanos.

El beneficio se suma a otro convenio también suscripto por la Apross e implementado a partir de mayo de este año, a través del cual la obra social otorga su cobertura a las parejas homosexuales cuando uno de sus miembros ya es titular.

fuente: Diario DiaaDia, Martes 24 de Noviembre de 2009.

Derechos Libres: Copyleft

Creative Commons License
This work is in the Public Domain.
Creative Commons License
Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución 2.5 Argentina.